Lo prometido es deuda. Aquí tenéis la traducción del primer capítulo disponible de "A feast for crows", "Festín de cuervos", que actualmente se encuentra disponible en inglés en la página del autor, www.georgemartin.com. Y se trata del primer capítulo de un personaje al que habíamos visto muchas veces, pero al que nunca habíamos podido seguir tan de cerca... Disfrutadlo. La semana que viene, más.
Cersei
Caía una lluvia fría que volvía los muros y murallas de la Fortaleza Roja oscuros como la sangre. La reina sostenía la mano del rey y lo condujo firmemente a través del patio embarrado hasta la litera rodeada por su escorta.
-El tío Jaime dijo que podría montar a caballo y tirar peniques a la gente -objetó el niño.
-¿Quieres coger un resfriado? -No quería arriesgarse; Tommen nunca había sido tan fuerte como Joffrey-. Tu abuelo querría que parecieses un rey adecuado en su velatorio. No llegaremos al Gran Sept mojados y sucios. -Ya es bastante malo que deba vestir luto de nuevo. El negro nunca le había quedado bien. Con su piel pálida la hacía parecer un cadáver. Cersei se había levantado una hora antes del amanecer para bañarse y arreglarse el pelo, y no tenía intención de permitir que la lluvia arruinase sus esfuerzos.
Dentro de la litera, Tommen se recostó contra las almohadas y trató de ver la lluvia que caía.
-Los dioses lloran por el abuelo. Lady Jocelyn dice que las gotas de lluvia son sus lágrimas.
-Jocelyn Swyft es idiota. Si los dioses pudiesen llorar, habrían llorado por tu hermano. La lluvia es lluvia. Cierra la ventana antes de que entre más. Ese manto es de piel de marta, ¿quieres que se empape?
Tommen hizo lo que le dijo. Su debilidad la preocupaba. Un rey debía ser fuerte. Joffrey hubiese discutido. Nunca fue fácil de intimidar. -No te desplomes así -le dijo a Tommen-. Siéntate como un rey. Pon las espalda recta y endereza la corona. ¿Quieres que se te caiga de la cabeza delante de tantos señores?
-No, Madre. -El niño se sentó recto y se enderezó la corona. La corona de Joffrey era demasiado grande para él. Tommen siempre había sido rechoncho, pero su cara parecía más delgada ahora. ¿Comerá bien? Tenía que acordarse de preguntárselo al mayordomo. No podía arriesgarse a que Tommen enfermase, no con Myrcella en manos de los dornienses. La corona de Joff le irá bien a su tiempo. Hasta entonces, sin embargo, necesitaría una menor, una que no amenazase con tragarse su cabeza. Se ocuparía de ello con los herreros.
La litera siguió su descenso por la Colina de Aegón. Dos Guardias Reales montaban ante ellos, caballeros blancos en caballos blancos con capas blancas colgando empapadas de sus hombros. Detrás iban cincuenta guardias Lannister en oro y carmesí.
Tommen atisbó las calles mojadas a través de las cortinas.
-Creí que habría más gente. Cuando Padre murió toda la gente salió y nos vio pasar.
-La lluvia los ha hecho quedarse. -Desembarco del Rey nunca había amado a Lord Tywin. Nunca quiso amor, sin embargo. "No puedes comerte el amor, ni comprar un caballo con él, ni calentar tus estancias en una noche fría", le había decir a Jaime una vez, cuando su hermano no era mayor que Tommen.
En el Gran Sept de Baelor, una magnificencia de mármol en lo alto de la Colina de Visenya, el grupo de asistentes quedaba empequeñecido por los capas doradas que ser Addam Marbrand había esparcido alrededor de la plaza. Luego vendrán más, se dijo la reina mientras ser Meryn Trant la ayudaba a bajar de la litera. Sólo los de alta cuna y sus séquitos habían sido admitidos al servicio de la mañana; habría otro por la tarde para la gente del pueblo, y las plegarias vespertinas estarían abiertas a todos. Cersei tendría que volver entonces, para que la gente del pueblo la viese de luto. La turba debe tener su espectáculo. Era un incordio. Tenía deberes de los que ocuparse, una guerra por ganar, un reino que gobernar. Su padre lo habría entendido.
El Septon Supremo se reunió con ellos a lo alto de las escaleras. Un hombre encogido con una barba menuda y gris, andaba tan encorvado por el peso de sus ropas engalanadas que sus ojos quedaban al nivel de los pechos de la reina... aunque la corona, confeccionada de cristal tallado y oro tejido, le añadía más de un pie y medio a su altura. Lord Tywin le había entregado esa corona para reemplazar la que se perdió cuando la turba mató al anterior Septon Supremo. Habían arrancado al gordo idiota de su litera y lo habían destrozado, el día que Myrcella partió hacia Dorne. Ése era un gran glotón, y manejable. Éste... El actual Septon Supremo era de Tyrion. Cersei lo recordó de repente. Era un pensamiento inquietante.
La mano manchada del anciano parecía una pezuña de pollo mientras emergía de una manga incrustada de volantes y cristales pequeños. Cersei se arrodilló en el mármol mojado y le besó los dedos, y ordenó a Tommen hacer lo mismo. ¿Qué sabe de mí? ¿Cuánto le explicó el enano? El Septon Supremo sonrió sobre ella mientras la acompañaba hacia el sept... pero ¿era una sonrisa amenazadora llena de conocimiento no revelado, o sólo un tic sin significado de los labios arrugados de un anciano? La reina no estaba segura.
Caminaron a través del Salón de las Lámparas bajo globos coloreados de cristal, la mano de Tommen en la suya. Trant y Kettleback los flanqueaban, el agua resbalando de sus capas húmedas encharcando el suelo. El Septon Supremo caminaba despacio, apoyándose en su bastón de arciano coronado por un orbe de cristal. Siete de los Más Devotos lo atendían, resplandecientes en sus ropas de plata. Tommen vestía de oro bajo su capa de marta, la reina un vestido viejo de terciopelo negro forrado de armiño. No había habido tiempo para hacer uno nuevo, y no podía llevar el mismo vestido que para Joffrey, ni aquél con el que había enterrado a Robert.
Al menos no se espera que lleve luto por Tyrion. Debería vestirme de seda carmesí y hilo de oro para eso, y llevar rubíes en el pelo. El hombre que le llevase la cabeza del enano sería convertido en lord, había proclamado ella, sin importar lo bajo o humilde que fuese su nacimiento o condición. Los cuervos estaban llevando su promesa a cada parte de los Siete Reinos, y pronto su proclama cruzaría el Mar Angosto hasta las Nueve Ciudades Libres y las tierras de alrededor. Dejemos que el Gnomo corra hacia los confines de la tierra, no se me escapará.
La procesión real pasó a través de las puertas interiores hacia el corazón cavernoso del Gran Sept, y abajo hacia una nave amplia, una de las siete que había bajo la bóveda. A derecha e izquierda, asistentes de alta cuna se arrodillaban cuando el rey y la reina pasaban. Había muchos de los vasallos de su padre, así como caballeros que habían luchado al lado de Lord Tywin en medio centenar de batallas. Verlos la hizo sentir más segura. No estoy sin amigos.
Bajo la magnífica bóveda de vidrio y oro y cristal del Gran Sept, el cuerpo Lord Tywin Lannister descansaba bajo un ataúd de mármol escalonado. A su cabeza, Jaime permanecía en vigilia, su mano buena alrededor de la empuñadura de una larga espada dorada cuya punta descansaba sobre el suelo. La capa empapada que vestía era tan blanca como nieve recién caída, y las escamas de su larga hauberk (?) eran de madre perla engarzada con oro. Lord Tywin lo habría querido en carmesí y oro Lannister, pensó. Siempre lo hacía enfadar ver a Jaime de blanco. Su hermano también se estaba dejando barba. Los pelos cubrían la mandíbula y las mejillas, y le daban al rostro un aspecto basto, grosero. Al menos podría haber esperado a que los huesos de Padre estuviesen enterrados bajo la Roca.
Cersei dirigió al rey tres cortos peldaños arriba, a arrodillarse ante el cuerpo. Había lágrimas en los ojos de Tommen.
-Llora discretamente -le dijo, acercándose-. Eres un rey, no un crío berreante. Tus señores te están mirando. -El niño se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Tenía sus mismos ojos, verde esmeralda, tan grandes y brillantes como los de Jaime cuando tenía la edad de Tommen. Su hermano había sido un niño tan hermoso... pero también feroz, tan feroz como Joffrey, un verdadero cachorro de león. La reina puso el brazo sobre Tommen y le besó los rizos dorados. Me necesitará para que le enseñe cómo gobernar y lo proteja de sus enemigos. Algunos de ellos permanecían a su alrededor incluso ahora, pretendiendo ser amigos.
Las hermanas silenciosas habían armado a Lord Tywin como si tuviese que lidiar alguna última batalla. Vestía su mejor armadura, acero pesado esmaltado en carmesí oscuro, con oro engarzado en sus guantes, griebas y peto. Las rodelas eran soles redondos dorados; una leona dorada se agazapaba bajo cada hombro, la melena de un león coronada el gran yelmo por encima de su cabeza. Bajo el pecho yacía una espada larga en una vaina dorada con rubíes incrustados, sus manos dobladas alrededor del puño con guantes de malla dorada. Incluso muerto su rostro es noble, pensó, aunque la boca... Las comisuras de los labios de su padre se arqueaban hacia arriba ligeramente, dando la impresión de un desconcierto vago. No debería ser así. Maldeció a Pycelle; debería haber dicho a las hermanas silenciosas que Lord Tywin Lannister nunca sonreía. El hombre es tan inútil como unos pezones en un peto. Esa media sonrisa hacía parece a Lord Tywin menos temeroso, de algún modo. Eso, y que tuviese los ojos cerrados. Los ojos de su padre siempre habían sido inquietantes, verde pálido, casi luminosos, ribeteados de oro. Sus ojos podían mirar dentro de uno, ver lo débil y despreciable y feo que eras ahí dentro. Cuando te miraba, lo sabías.
Imprevisto, le vino un recuerdo del banquete que el Rey Aerys había dado cuando Cersei fue a la corte por primera vez, una niña tan verde como la hierba del verano. El viejo Merryweather, el maestro de la moneda, había estado charlando de aumentar el impuesto sobre el vino cuando Lord Rykker dijo, "Si necesitamos oro, Su Alteza debería convocar a Lord Tywin en su baño". Aerys y sus aduladores rieron ruidosamente, mientras Padre miraba a Rykker sobre su copa de vino. Mucho después de que el jolgorio hubiese acabado esa mirada persistía. Rykker se giró, miró a un lado, encontró los ojos de Padre y los ignoró, bebió un sorbo de cerveza y se fue enfadado y con el rostro rojo, vencido por un par de ojos inquebrantables.
Los ojos de Lord Tywin están cerrados para siempre ahora, pensó Cersei. Es mi mirada la que los hará estremecer ahora, mi ceño el que deben temer. Yo también soy un león.
Con el cielo tan gris afuera, el interior del sept parecía sombrío. Si la lluvia parase, el sol se reflejaría en de los cristales colgantes hasta cubrir el cadáver con arco iris. El Señor de Roca Casterly se merecía arco iris. Había sido un gran hombre. Yo seré mejor, sin embargo. Dentro de mil años, cuando los maestres escriban sobre este tiempo, sólo te recordarán como el padre de la Reina Cersei.
-Madre -Tommen le tiró de la manga-. ¿Qué huele tan mal?
Mi señor padre. -La muerte. -Ella también podía olerlo; un vago aroma a descomposición que la hacía desear arrugar la nariz. Cersei no le prestó atención. Los siete septones en sus ropas plateadas permanecían tras el ataúd, suplicando al Padre en las Alturas que juzgase a Lord Tywin con justicia. Al acabar, setenta y siete septas se reunieron ante el altar de la Madre y cantaron pidiéndole piedad. Tommen rebullía inquieto por entonces, e incluso las rodillas de la reina empezaban a dolerle. Miró a Jaime. Su gemelo permanecía como si lo hubiesen esculpido en piedra, así que sus ojos no se encontrarían.
En los bancos su tío Kevan estaba arrodillado con los hombros hndidos, su hijo a su lado. Lancel tiene peor pinta que Padre. Aunque sólo tenía diecisiete, parecía haber superado los setenta; el rostro gris, demacrado, con las mejillas y los ojos hundidos y el pelo tan blanco y quebradizo como la tiza. ¿Cómo puede estar Lancel entre los vivos mientras Tywin Lannister ha muerto? ¿Han perdido los dioses la cabeza?
Lord Gyles tosía más de lo habitual, cubriéndose la nariz con un pañuelo de seda roja. Él también lo huele. El Gran Maestre Pycelle tenía los ojos cerrados. Si se ha quedado dormido, juro que lo haré azotar. A la derecha del banco se arrodillaban los Tyrell: el Señor de Altojardín, entre su horrible madre y su insípida mujer, su hijo Garlan y su hija Margaery. La Reina Margaery, se recordó a sí misma, la viuda de Joff y prometida de Tommen. Dos veces casada y nunca encamada, decían, aunque Cersei tenía sus suspechas. Margaery se parecía mucho a su hermano, el Caballero de las Flores. La reina se preguntó si tendrían otras cosas en común. Nuestra pequeña rosa tiene muchas doncellas a su alrededor esperando su atención, día y noche. Ahora estaban con ella, al menos una docena. Cersei estudió sus rostros, estudiándolas. ¿Quién es la más temerosa, la más lasciva, la más deseosa de aprovación? ¿Quién tiene la lengua más larga? Tendría que encargarse de descubrirlo. Fue un descanso cuando los cantos acabaron. El olor del cadáver de su padre parecía haberse vuelto más fuerte. Muchos de los asistentes tuvieron la educación de fingir que todo iba bien, pero Cersei vio a dos de las primas de Lady Margaery arrugando sus narices Tyrell. Mientras ella y Tommen caminaban hacia fuera de la nave, a la reina le pareció oír a alguien murmurando "retrete" y unas risas alegres, pero cuando giró la cabeza para ver quién había hablado un mar de rostros solemnes la miraron vacíos. Nunca se hubiesen atrevido a bromear sobre él cuando aún vivía. Hubiese convertido sus entrañas en agua con una mirada.
De vuelta en el Salón de las Lámparas, los asistentes revolotearon a su alrededor como moscas, ansiosos por ofrecer a la reina sus inútiles pésames. Los gemelos Redwyne le besaron la mano, el padre las mejillas. Hallyne el Piromante le prometió que una mano en llamas ardería en el cielo sobre la ciudad en día en que los huesos de su padre viajasen hacia el oeste. Entro toses, Lord Gyles le dijo que había contratado a un maestro escultor para que hiciese una estatua de Lord Tywin que permaneciese en vigilia continua junto a la Puerta del León. Ser Lambert Turnberry se presentó con un parche sobre el ojo derecho, jurando que lo llevaría hasta que pudiese traerle la cabeza de su hermano enano. No bien hubo la reina escapado de los embates de ese idiota se encontró rodeada por Lady Falyse Stokeworth y su marido, Ser Balman Byrch.
-Mi señora madre envía sus condolencias, Su Majestad -balbuceó Falyse-. Lollys permanece en cama por el bebé y mi señora madre ha creído necesario quedarse con ella. Ruega que la perdonéis, y me dijo que os pidiese... mi madre admiraba a vuestro difunto padre más que a cualquier otro hombre. Si mi hermana tiene un niño, es el deseo de mi madre que lo llamemos Tywin, si... si os complace.
Cersei la miró, horrorizada.
-¿Vuestra hermana sin sesos fue violada por medio Desembarco del Rey y Lady Tanda considera un honor que el bastardo lleve el nombre de mi padre? Creo que no.
Falyse retrocedió como si la hubiesen abofeteado, pero su marido se acarició el espeso bigote rubio con el pulgar.
-Le dijo a Lady Tanda lo mismo. Buscaremos un nombre más... apropiado para el bastardo de Lollys, tenéis mi palabra.
-Espero que así sea. -Cersei les dio la espalda y se marchó. Vio que Tammen había caído en las manos de Margaery Tyrell y su abuela. La Reina de Espinas era tan baja que Cersei la confundió al principio con otro niño. Antes de que pudiese rescatar a su hijo de las rosas, la multitud la llevó cara a cara con su tío. Cuando la reina le recordó su reunión de después, Ser Kevan asintió cansinamente con la cabeza y pidió permiso para retirarse. Pero Lancel se quedó, la imagen de un hombre con un pie en la tumba. ¿Pero está a medio entrar o a medio salir? Cersei se obligó a sonreír.
-Lancel, me alegro de verte mejor. El maestre Ballabar nos dio unas noticias tan graves que temíamos por tu vida. Pero te creía ya en tu viaje hacia Darry, para tomar posesíon de tus tierras. -Su padre había convertido a Lancel en lord después de la batalla del Aguasnegras, como concesión a su hermano Kevan.
-No aún. Hay proscritos en mi castillo. -La voz de su primo era tan diminuta como el bigote sobre su labio superior. Aunque el pelo se le había vuelto blanco, la pelusa del bigote seguía siendo de color arena. Cersei a menudo se lo miraba mientras el muchacho estaba dentro suyo, bombeando obedientemente. Parece un borrón de porquería sobre su labio. La reina solía amenazar con borrárselo con su saliva. -Los hombres de los ríos necesitan una mano fuerte, decía mi padre -Una pena que vayan a recibir la tuya, quiso decir. En vez de eso, sonrió-. Y además tienes que casarte.
Un aspecto sombrío recorrió el rostro demacrado del joven caballero.
-Una chica Frey, y no de mi elección. Ni siquiera es doncella. Una viuda, de sangre Darry. Mi padre dice que me ayudará con la servidumbre, pero toda la servidumbre ha muerto. -Intentó cogerle la mano-. Es cruel, Cersei. Su Majestad sabe que yo amo...
-...A la Casa Lannister -terminó ella por él-. Nadie lo duda, Lancel. Ojalá tu esposa te dé hijos fuertes. Mejor que el abuelo de su esposa no sea el anfitrión de la boda, sin embargo. -Sé que conseguirás nobles hazañas en Darry.
Lancel asintió con la cabeza, claramante triste.
-Cuando parecía que iba a morir, mi padre trajo al Septon Supremo para que rezase por mí. Es un buen hombre. -Los ojos de su primo estaban húmedos y brillantes, los ojos de un niño en el rostro de un anciano-. Dijo que la Madre me reservaba para algún propósito, para que pueda compensar mis pecados.
Cersei se preguntó cómo pretendía compensarla a ella. Convertirlo en caballero fue un error, y acostarme con él uno peor. ¿Qué le habrá dicho el imbécil al Septon Supremo? ¿Y qué le contará a la pequeña Frey cuando yazcan juntos en la oscuridad? Si confesaba que se había acostado con ella, podría afrontarlo. Los hombres siempre mentían sobre las mujeres; lo menospreciaría como a un muchacho fanfarrón embaucado por su belleza. Si habla de Robert y el vino recargado, sin embargo...
-La expiación se consigue mejor a través de la oración -le dijo Cersei-. Oración silenciosa.
Lo dejó pensando en eso y se concentró en enfrentarse a la horda Tyrell.
Margaery la abrazó como a una hermana, lo que la reina consideró pretencioso, pero no era lugar para reprochárselo. Lady Alerie y sus primas se pelearon entre ellas por besarle los dedos. Lady Graceford, con un embarazo muy avanzado, le pidió permiso para llamar al niño Tywin si era niño o Lanna si era niña. ¿Otro?, casi gruñó. El reino se llenará de Tywins.
Fue Lady Merryweather quien de verdad la complació.
-Alteza -dijo, en su sensual tono de Myr-, he enviado mensajes a mis amigos de más allá del Mar Angosto pidiéndoles que cojan al Gnomo si se atreve a a somar su feo rostro por las Ciudades Libres.
-¿Tienes muchos amigos más allá del mar?
-En Myr, muchos. En Lys igual, y en Tyrosh. Hombres de poder.
Cersei la creyó. La mujer myriana era demasiado hermosa; de piernas largas y el busto lleno, piel suave de tono aceitunado, enormes ojos oscuros y una espesa cabellera negra que siempre daba la impresión de que se acababa de levantar. Incluso huele a pecado, como algún loto exótico.
-Lord Merryweather y yo sólo queremos servir a Su Majestad y al pequeño rey -ronroneó la mujer con una mirada tan preñada de elocuencia como Lady Graceford.
Es ambiciosa, y su señor es orgulloso pero pobre.
-Debemos hablar de nuevo, mi señora. Taena, ¿verdad? Sois muy amable. Seguro que seremos grandes amigas.
Entonces el Señor de Altojardín cayó sobre ella.
Mace Tyrell no era más de diez años mayor que Cersei, aunque la reina pensaba en él como alguien de la edad de su padre, no de la suya. No era tan alto como Lord Tywin, pero sí mayor, con un pecho amplio y una barriga incluso mayor. Tenía el pelo castaño, pero había hebras blancas y grises en su barba. A menudo tenía el rostro rojo.
-Lord Tywin fue un gran hombre, un hombre extraordinario -declaró pomposamente después de besarle ambas mejillas-. No volveremos a ver a alguien igual, me temo.
Estás viendo a su igual, idiota, pensó Cersei. Su hija de pie delante tuyo. Pero necesitaba a los Tyrell y el poder de Altojardín para mantener a Tommen en el trono, por lo que únicamente dijo:
-Todos lo echaremos de menos.
Tyrell le puso una mano sobre el hombre.
-Ningún hombre vivo es digno de vestir la armadura de Lord Tywin, eso está claro. Sin embargo, el reino debe seguir adelante, y hay que gobernarlo. Si hay algo que pueda hacer para servir en esta hora sombría, Su Majestad sólo necesita pedirlo.
Si queréis ser la Mano del Rey, mi señor, al menos tened el coraje de decirlo claramente. La reina sonrió. Dejemos que lo interprete como quiera.
-Seguramente necesitan a mi señor en la Marca.
-Mi hijo Willas es un muchacho capaz -replicó, evitando captar la indirecta-. Puede que su pierna esté torcida, pero no es estúpido. Y Garlan pronto tomará Aguasclaras. Entre ellos la Marca estará en buenas manos, si resulta que hago falta en cualquier otro lugar. El gobierno del reino debe ir en primer lugar, Lord Tywin lo decía a menudo. Y me complace ofrecerle a Su Majestad buenas noticias en ese sentido. Mi tío Garth ha accedido a servir como maestro de la moneda, como vuestro padre deseaba. Ha iniciado el viaje hacia Antigua para tomar un barco. Sus hijos lo acompañarán. Lord Tywin mencionó algo sobre encontrar un lugar para los dos. Tal vez en la Guardia de la Ciudad.
La sonrisa de la reina se congeló tan bruscamente que temió que se le hubiesen roto los dientes. Garth el Obsceno en el conicilio del rey y sus dos hijos bastardos en los capas doradas... ¿se creen los Tyrell que les voy a servir en reino en una bandeja dorada? La arrogancia de ese hecho la dejó sin respiración.
-Garth me ha servido bien como Lord Senescal, como sirvió a mi padre antes -siguió Tyrell-. Meñique tenía olfato para el oro, pero Garth...
-Mi señor -lo interrumpió Cersei-, me temo que ha habido algún malentendido. He pedido a Lord Gyles Rosby que sirva como nuevo maestro de la moneda, y me ha hecho el honor de aceptar.
Mace la miró boquiabierto.
-¿Rosby? ¿Ese... tosedor? Pero... el asunto estaba cerrado, Su Alteza. Garth ya está viajando hacia Antigua.
-Mejor enviarle un cuervo a Lord Hightower y pedirle que se asegure de que vuestro tío no toma el barco. Sería terrible que Garth tuviese que enfrentarse a un mar otoñal para nada -Sonrió placenteramente.
El rubor subió por el cuello de Tyrell.
-Esto... vuestro lord padre me aseguró... -Empezó a balbucear.
Entonces apareció su madre y enlazó su brazo con el de su hijo.
-Parece que Lord Tywin no compartía sus planes con nuestra regente, no puedo imaginar por qué. Sin embargo, ya ves, no hay motivo para molestar a Su Majestad. Tiene razón, tienes que escribir a Lord Leyton antes de que Garth embarque. Ya sabes que el mar lo pone enfermo y empeora su flatulencia. -Lady Olenna le ofreció a Cersei una sonrisa sin dientes-. Vuestra cámara del consejo olerá mejor con Lord Gyles, aunque me atrevería a decir que tanta tos a mí me distraería. Todos adoramos al Viejo Tío Garth, pero el hombre es flatulento, eso no puede negarse. Yo también aborrezco los olores nauseabundos. -Su rostro arrugado se arrugó aún más. -Capté el olorcillo de algo desagradable en el sept, en realidad. ¿Tal vez lo olisteis también?
-No -dijo Cersei fríamente-. ¿Un aroma, habéis dicho?
-Más parecido a un hedor.
-Tal vez echáis de menos vuestras rosas otoñales. Os hemos retenido demasiado tiempo. -Mientras antes liberase a la corte de Lady Olenna, mejor. Lord Tyrell sin duda enviaría un buen número de caballeros para asegurarse de que su madre llegaba sana a casa, y mientras menos espadas tuviese Tyrell en la ciudad más tranquila dormiría la reina.
-Añoro las fragancias de Altojardín, lo confiesa -dijo la vieja dama-, pero por supuesto no puedo marcharme hasta haber visto a mi dulce Margaery casada con vuestro precioso pequeño Tommen.
-Yo también espero ese día con impaciencia -dijo Tyrell en voz alta-. Lord Tywin y yo estábamos decidiendo una fecha. Tal vez vos y yo podamos retomar la discusión, Su Majestad.
-Pronto.
-Pronto servirá -dijo Lady Olenna mientras inspiraba-. Ahora vamos, Mace, dejemos a Su Majetad continuar con su... pesar.
Te veré muerta, vieja mujer, se prometió Cersei mientras la Reina de Espinas se tambaleaba entre sus guardias gemelos, un par de hombres de dos metros a los que la divertía llamar Derecho e Izquierdo. Veremos qué hermoso cadáver compones. La vieja mujer era el doble de lista que su hijo, esto estaba claro.
La reina rescató a su hijo de Margaery y sus primas y se dirigió hacia las puertas. Fuera, la lluvia finalmente había cesado. El aire otoñal olía dulce y fresco. Tommen se quitó la corona.
-Vuélvetela a poner -le ordenó Cersei.
-Hace que me duela el cuello -dijo el niño, pero hizo lo que le había ordenado-. ¿Me casaré pronto? Margaery dice que en cuanto nos hayamos casado podremos ir a Altojardín.
-No vas a ir a Altojardín, pero puedes montar de vuelta al castillo-. Cersei le hizo un gesto a Ser Meryn Trant-. Tréle una montura a Su Majestad, y pregúntale a Lord Gyles si tendrá el honor de acompañarme en mi litera-. Las cosas se estaban moviendo más deprisa de lo que había imaginado; no había tiempo que perder.
Tommen se puso contento con la perspectiva de montar, y por supuesto Lord Gyles tuvo el honor de acompañarla... aunque cuando le pidió que fuese su maestro de la moneda, empezó a toser tan violentamente que temió que muriese ahí mismo. Pero la Madre tuvo piedad, y Gyles finalmente se recuperó lo suficiente para aceptar, incluso empezó a toser los nombres de los hombres que quería reemplazar, oficiales y mercaderes de lana nombrados por Meñique, incluso uno de los guardianes de las llaves.
-Llamad a la vaca como queráis, mientras la leche fluya. Y si alguien pregunta, os unisteis al consejo ayer.
-Ay... -Un amago de tos lo hizo doblarse sobre sí mismo-. Ayer. Claro. -Lord Gyles tosió en un pañuelo de seda roja, como si quisiese esconder la sangre de su saliva. Cersei fingió que no se daba cuenta.
Cuando muera encontraré a algún otro. Tal vez se acordaría de Meñique. La reina no podía creer que a Petyr Baelish le permitiesen seguir siendo Lord Protector del Valle por mucho tiempo, con Lysa Arryn muerta. Los Señores del Valle siempre estaban discutiendo, si lo que decía Pycelle era verdad. Cuando lo separen de ese crío lamentable, Lord Petyr volverá arrastrándose.
-¿Su Majestad? -Lord Gyles tosió y se tapó la boca con el pañuelo-. ¿Puedo... -Tosió de nuevo-, preguntar quién... -Otra serie de toses lo doblaron sobre sí mismo-... quién será la Mano del Rey?
-Mi tío -respondió ausente.
Fue un alivio ver las puertas de la Fortaleza Roja apareciendo ante ella. Dejó a Tommen al cuidado de sus escuderos y se retiró agradecida a sus propias estancias para descansar.
Pero poco después de quitarse los zapatos Jocelyn entró tímidamente para decirle que Qyburn esperaba fuera y pedía audiencia.
-Hazlo entrar -ordenó la reina. Una reina no tiene descanso.
Qyburn era viejo, pero en su pelo aún había más ceniza que nieve y las arrugas provocadas por la risa alrededor de su boca lo hacían parecer el abuelo favorito de alguna niña. Más bien el abuelo raído, sin embargo. El cuello de su túnica deshilachado, y una manga se le había roto y estaba mal cosida.
-Pido perdón a Su Alteza por mi presencia -dijo-. He estado abajo en las mazmorras investigando sobre la huída del Gnomo, como ordenasteis.
-¿Y qué habéis descubierto? -le preguntó la reina.
-La noche que Lord Varys y vuestro hermano desaparecieron, también desparareció un tercer hombre.
-Sí, el guardia. ¿Qué pasa con él?
-Se llamaba Rugen. Un guardia que se encargaba de las celdas negras. El jefe de los guardias de las celdas lo ha descrito como un hombre corpulento, sin afeitar, brusco de palabras. Ocupaba el lugar desde los tiempos del viejo rey Aerys, y entraba y salía cuando quería. Nadie ha utilizado las celdas negras en los últimos años. Los otros carceleros le tenían miedo, parece, pero ninguno sabía mucho de él. No tenía amigos ni familiares. Ni bebía ni frecuentaba burdeles. La celda donde dormía era húmeda y lúgubre, y la paja sobre la que dormía estaba enmohecida. Tenía una tetera que rebosaba.
-Ya sé todo eso. -Jaime había registrado la celda de Rugen, y los capas doradas de Ser Addam la habían vuelto a registrar.
-Lo sé, Su Majestad -dijo Qyburn-, ¿pero sabíais que bajo esa tetera apestosa había una piedra suelta, que daba a un pequeño hueco? El tipo de lugar donde un hombre podría esconder objetos de valor que no quería que fuesen descubiertos.
-¿Objetos de valor? -Esto era nuevo-. ¿Te refieres a monedas? -Había sospechado todo el rato que Tyrion habría comprado al celador.
-Sin duda. Es cierto que el hueco estaba vacío cuando lo encontré. Sin duda Rugen cogió el dinero conseguido así cuando se fue. Pero cuando pasé la antorcha sobre el hueco vio algo brillante, así que escarbé en la porquería hasta que lo desenterré. -Qyburn mostró la palma de la mano-. Una moneda de oro.
Oro, sí, pero cuando Cersei la cogió supo que algo iba mal. Demasiado pequeña, pensó, demasiado delgada. La moneda era vieja y gastada. En un lado había el perfil de un rey, en el otro la imprenta de una mano.
-Esto no es un dragón -dijo.
-No -asintió Qyburn-. Es de antes de la Conquista, Su Majestad. El rey es Garth el Duodécimo, y la mano es el emblema de la Casa Gardener.
De Altojardín. Cersei cerró el puño alrededor de la moneda. ¿Qué traición es ésta? Mace Tyrell fue uno de los jueces de Tyrion y había solicitado claramante su muerte. ¿Fue alguna táctica? ¿Pudo haberlo planeado con el Gnomo, conspirando sobre la muerte de Padre? Con Tywin Lannister en la tumba, Lord Tyrell era una elección obvia para la mano del Rey, pero aun así...
-No hablaréis de esto con nadie -ordenó.
-Su Majestad puede confiar en mi discreción. Cualquier hombre que cabalga con una compañía de mercenarios aprende a sujetar la lengua, de lo contrario no la mantiene mucho tiempo.
-Igual en mi compañía-. La reina apartó la moneda. Luego pensaría sobre ello. -¿Qué hay del otro asunto?
-Ser Gregor -Qyburn se encogió de hombros-. Lo he atendido, como ordenasteis. El veneno de la lanza de la Víbora era de mantícora del este, me apostaría la vida.
-Pycelle dice que no. Le dijo a mi padre que el veneno de mantícora mata en cuanto llega al corazón.
-Y así es. Pero este veneno ha sido ralentizado de algún modo, como para alargar la agonía de la Montaña.
-¿Ralentizado? ¿Ralentizado cómo? ¿Con alguna otra sustancia?
-Tal vez como Su Majestad sugiere, aunque la mayoría de las veces adulterar un veneno sólo disminuye su potencia. Tal vez la causa sea... menos natural, digamos. Un hechizo, creo.
¿Es tan tonto como Pycelle?
-Así que me estáis diciendo que la Montaña está muriendo de alguna magia negra?
Qyburn ignoró la burla en su voz.
-Está muriendo del veneno, pero lentamente y en una agonía exquisita. Mis esfuerzos por aliviarle el sufrimiento han sido tan vanos como los de Pycelle. Ser Gregor se ha acostumbrado demasiado a la leche de la amapola, me temo. Su escudero me ha dicho que lo acosan dolores de cabeza cegadores y que devora la leche de la amapola como hombres menores con la cerveza. Sea como sea, sus venas se han vuelto negras de la cabeza a los pies, su orina está enturbiada de pus y el veneno ha devorado un agujero en su costado tan largo como mi puño. Es increíble que aún viva, la verdad sea dicha.
-Su tamaño -sugirió la reina, frunciendo el ceño-. Gregor es un hombre muy grande. También uno muy estúpido. Demasiado estúpido para saber cuándo morir, parece-. Dejó su copa a un lado y Senelle se la llenó de nuevo-. Sus gritos asustan a Tommen. Incluso me despertaron a mí una noche. Creo que ha llegado el momento de llamar a Ilyn Payne.
-Su Majestad -dijo Qyburn-, ¿puedo mover a Ser Gregor a las mazmorras? Sus gritos no os molestarán desde allí, y tendré libertad para atenderlo más libremente.
-¿Atenderlo? -Cersei rió-. Dejad que Ser Ilyn lo atienda.
-Si ése es el deseo de Su Majestad... -dijo Qyburn-, pero el veneno... sería útil saber más sobre él, ¿no creéis?
Envía a un caballero para asesinar a un caballero y a un arquero para matar a un arquero, decía la gente del pueblo. Para combatir la magia negra... No acabó el pensamiento, pero sonrió ante la idea.
No es Pycelle, eso está claro. La reina lo sopesó, planteándoselo.
-¿Por qué la Ciudadela te retiró la cadena?
-Los archimaestres son todos unos cobardes. El rebaño gris, los llama Marwyn. Yo era un sanador tan bueno como Ebrose, pero aspiraba a superarlo. Durante siglos los hombres de la Ciudadela han abierto los cuerpos de los muertos para estudiar la naturaleza de la vida. Yo pretendía entender la naturaleza de la muerte, así que abrí los cuerpos de los vivos. Por ese crimen el rebaño gris me deshonró y me obligó a exiliarme... pero conozco la naturaleza de la vida y la muerte mejor que cualquier hombre de Antigua.
-¿De veras? -La historia la había intrigado-. Muy bien. La Montaña es vuestra. Haced lo que queráis con él, pero confinad vuestros estudios en las celdas negras. Cuando muera, traedme su cabeza. Mi padre la prometió a Dorne. El príncipe Doran preferiría sin duda matar a Gregor por sí mismo, pero todos sufrimos decepciones en esta vida.
-Muy bien, Alteza -Qyburn se aclaró la garganta-. No estoy tan bien equipado como Pycelle, sin embargo. Necesito conseguir cierto...
-Ordenaré a Lord Gyles que os preovea de oro suficiente para vuestras necesidades. Compraos vos mismo nuevas ropas también. Parece que acabéis de salir del Mercado de las Pulgas. -Estudió sus ojos, planteándose hasta qué punto podía confiar en él-. ¿Necesito añadir que las cosas os irán mal si una sola palabra de vuestro... trabajo... va más allá de estos muros?
-No, Alteza -Qyburn le ofreció una sonrisa tranquilizadora-. Vuestros secretos están a salvo conmigo.
Cuando se fue, Cersei se sirivió una copa de vino fuerte y lo bebió cerca de la ventana, mirando las sombras alargándose a través del patio y pensando sobre la moneda. Oro de la Marca. ¿Por qué iba un encargado de las celdas inferiores de Desembarco del Rey a tener oro de la Marca, a menos que le pagasen para ayudar en la muerte de Padre?
Por mucho que lo intentaba, no podía evocar la cara de Lord Tywin sin ver esa media sonrisa ni recordar el olor nauseabundo que emanaba su cadáver. Se preguntó si Tyrion tendría algo que ver. Es pequeño y cruel, como él. ¿Habría convertido Tyrion a Pycelle en un traidor? Él envió al anciano maestre a las celdas negras, y Rugen se encargaba de esas celdas, recordó. Los cabos se estaban atando de una forma que no le gustaba. El Septon Supremo también es de Tyrion, recordó Cersei de repente, y el pobre cuerpo de Padre estuvo a su cuidado de la noche a la mañana.
Su tío llegó puntualmente al anochecer, vistiendo una jubón acolchado de lana gris tan sombrío como su rostro. Como todos los Lannisters, Ser Kevan tenía la piel pálida y era rubio, aunque a los cincuenta y cinco había perdido la mayor parte de su cabello. Nadie lo definiría como atractivo. Delgado de cintura, hombros redondeados, con un mentón cuadrado que sobresalía que su barba amarilla casi rapada hacía poco por disimular, le recordó a Cersei a un viejo mastín... pero un viejo mastín fiel es lo que más necesitaba.
Fue una cena sencilla de remolachas y pan y un bistec en su punto con un poco de vino Dorniano rojo para bajarlo. Ser Kevan habló poco, y casi no tocó su copa de vino. Piensa demasiado, decidió Cersei. Necesita que lo pongan a trabajar para superar su pena.
Se lo dijo, cuando retiraron los restos de comida y los sirvientes se fueron.
-Sé cuánto confiaba padre en tí, tío. Ahora yo necesito lo mismo.
-Necesitas una Mano -dijo-, y Jaime te ha rechazado.
Es directo. Muy bien.
-Jaime... me sentía tan perdida con la muerte de Padre, apenas sabía lo que decía. Jaime es galante, pero un poco idiota, seamos francos. Tommen necesita a un hombre más experimentado. Alguien mayor...
-Mace Tyrell es mayor.
Cersei resopló.
-Nunca. -Cersei se apartó un mechón de cabello de la frente. -Los Tyrell se sobrevaloran a sí mismos.
-Serías tonta si convirtieses a Mace Tyrell en tu Mano -admitió ser Kevan-, pero aún más si lo conviertes en tu enemigo. He oído lo que sucedió en el Salón de las Lámparas. Mace debería ser más listo para no abordar esos temas en públicos, pero aún así, fue poco sabio avergonzarlo frente a la mitad de la corte.
-Mejor que sufrir a otro Tyrell en el concilio. -Su reproche la molestó. -Rosby será un maestro de la moneda adecuado. Has visto sus caballos, y esa litera suya, con sus esculturas y sus cortinas de seda. Sus caballos visten mejor que muchos caballeros. Un hombre tan rico no debería tener problemas para encontrar oro. Y para la Mano... ¿quién mejor para acabar el trabajo de mi padre que el hermano que compartió todos sus consejos?
-Todo hombre necesita alguien en quien confiar. Tywin me tenía a mí, y antes a tu madre.
-La quería mucho. -Cersei se negó a pensar en la puta muerta en su cama-. Sé que ahora están juntos.
-Eso espero. -Ser Kevan estudió su rostro largo rato antes de responder. -Esperas mucho de mí, Cersei.
-No más que mi padre.
-Estoy cansado. -Su tío cogió la copa de vino y dio un sorbo-. Tengo una esposa que no he visto en dos años, un hijo muerto que llorar, otro hijo a punto de casarse y asumir sus deberes. El Castillo Darry debe reforzarse de nuevo, sus tierras tienen que ser protegidas, los campos quemados, arados y replantados de nuevo. Lancel necesita mi ayuda.
-Igual que Tommen. -Cersei no había esperado tener que persuadir a Kevan. Nunca se hizo el tímido con Padre. -El reino te necesita.
-El reino. Sí. Y la casa Lannister. -Bebió vino de nuevo. -Muy bien. Me quedaré y serviré a Su Alteza...
-Muy bien -empezó a decir, pero ser Kevan alzó su voz y la dominó.
-... si me nombras Regente al tiempo que Mano, y vuelves a Roca Casterly.
Por un segundo, Cersei sólo pudo mirarlo sorprendida. ¿Qué ha dicho?
-Yo soy la Regente -le recordó.
-Lo eras. Tywin no pretendía que continuases siéndolo. Me explicó sus planes para enviarte de vuelta a la Roca y buscarte un nuevo marido.
Cersei podía notar su ira creciendo.
-Habló de eso, sí. Y le dije que no era mi deseo volver a casarme.
Su tío se quedó impasible.
-Si estás decidida a no casarte de nuevo no te obligaré. Respecto a lo otro, sin embargo... eres la Señora de Roca Casterly ahora. Tu lugar está allí.
¿Cómo te atreves?, quiso gritarle. Sin embargo, dijo:
-Soy también la Reina Regente. Mi lugar está con mi hijo.
-Tu padre no pensaba eso.
-Mi padre está muerto.
-Y es una desgracia para mí, y una tragedia para el reino entero. Abre los ojos y mira a tu alrededor, Cersei. El reino está en ruinas. Tywin habría podido arreglar las cosas, pero...
-¡Yo arreglaré las cosas! -Cersei dulcificó el tono-. Con tu ayuda, tío. Si me sirves tan fielmente como a mi padre...
-No eres tu padre. Y Tywin siempre consideró a Jaime su heredero.
-Jaime... Jaime hizo votos. Jaime nunca piensa, se ríe de todo y todos y dice lo que sea que le pasa por la cabeza. Jaime es un idiota guapo.
-Sin embargo fue tu primera elección para ser la Mano del Rey. ¿En qué te convierte eso, Cersei?
-Ya te lo he dicho, estaba enferma de dolor, no pensé...
-No -asintió ser Kevan-, por eso deber volver a Roca Casterly y dejar al rey con los que sí lo hacen.
-¡El rey es mi hijo! -Cersei se levantó.
-Sí -dijo su tío-, y por lo que vi de Joffrey, estás tan poco dotada para ser madre como para gobernar.
La reina le lanzó el contenido de su copa de vino en la cara. Ser Kevan se levantó con dignidad.
-Alteza -El vino le resbalaba por las mejillas y goteaba de su barba casi rapada. -Con vuestro permiso, ¿puedo retirarme?
-¿Con qué derecho te atreves a ponerme condiciones? No eres más que uno de los caballeros de la familia de mi padre.
-No tengo tierras, eso es cierto. Pero sí ciertos ingresos, y cofres de oro guardados. Mi padre no olvidó a ninguno de sus hijos cuando murió, y Tywin sabía recompensar un buen servicio. Tengo doscientos caballeros y puedo doblar el número si es necesario. Hay jinetes libres que seguirían mi estandarte, y tengo oro para contratar mercenarios. Serás sabia si no me tomas a la ligera, Alteza... y más sabia aún si no me conviertes en tu enemigo.
-¿Me estás amenazando?
-Te estoy aconsejando.
-Tendría que encerrarte en una celda negra.
-No. Tendrías que delegar la regencia en mí. Como no lo harás, nómbrame castellano de Roca Casterly, y convierte a Mathis Rowan o Randyll Tarly en la Mano del Rey.
Abanderados Tyrell, los dos. El consejo la dejó sin palabras. ¿Lo han comprado?, se preguntó. ¿Ha aceptado oro Tyrell para traicionar a la Casa Lannister?
-Mathis Rowan es sensible, bien parecido -siguió su tío, ignorándola-. Randyll Tarly es el mejor soldado del reino. Una Mano poco adecuada para tiempos de paz, pero con Tywin muerto no hay hombre mejor para acabar esta guerra. Lord Tyrell no se ofenderá si escoges a uno de sus abanderados como Mano. Tanto Tarly como Rowan son elecciones posibles... y leales. Nombra a uno, y lo harás tuyo. Te haces más fuerte mientras debilitas a Altojardín, y sin embargo Mace te lo agradecerá igualmente. -Se encogió de hombros-. Es mi consejo, tómalo o déjalo. Puedes convertir al Chico Luna en tu Mano, me da igual. Mi hermano está muerto, mujer. Voy a llevarlo a casa.
Traidor, pensó ella. Cambiacapas. Se preguntó cuánto le habría dado Mace Tyrell.
-Abandonarás a tu rey cuando más te necesita -le dijo-. Abandonas a Tommen.
-Tommen tiene a su madre -Los ojos verdes de Kevan se encontraron con los suyos, sin parpadear. Una última gota de vino tembló húmeda y roja bajo su barbilla, y al final cayó. -Bueno -añadió suavemente, tras una pausa-, y a su padre también, creo.