martes, 23 de agosto de 2005
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais; atacar naves en llamas más allá de Orión; he visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tännhauser; todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia; es hora de morir." Y Rutger Hauer, actor que interpretó al mejor de los Nexus-6, baja la cabeza, agotada su batería, y... ¿muere?, y la paloma que sostenía en su mano sale volando entre fábricas y chimeneas. La celebérrima escena de Blade Runner no aparece, sin embargo, en el libro que dio vida a la película: "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", de Philip Kindred Dick. Pero en el libro, Deckart, el personaje de Harrison Ford, ansía más que nada tener un animal mejor que el de sus vecinos; una réplica mecánica, porque los animales están casi extintos; como los propios humanos, a los que se invita a emigrar a otros planetas porque la Tierra está agonizando.

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Philip Kindred Dick nació en Chicago el 16 de diciembre de 1928. El suyo fue un parto prematuro; su gemela, Jane, murió a las pocas semanas. Cuando tenía cuatro años, sus padres se divorciaron y él se fue con su madre a California. Estudió en el instituto de Berkeley y en la Universidad de la misma ciudad, aunque no completó sus estudios. A los 18 años se independizó, y a los 20 contrajo el primero de los cinco matrimonios que habría en su vida (de los cuales nacieron tres hijos, Laura, Isa y Cristopher). Durante esos años, Dick escribió algunos relatos cortos que vendía a revistas pulp de ciencia ficción, y en el año 1951 tomó la decisión de ser escritor a tiempo parcial. En los siguientes tres años vendió gran cantidad de relatos cortos, en los que ya aparecían los que serán temas recurrentes en su obra: los mundos paralelos, los límites entre la realidad y esos mundos alternativos, la locura y la percepción... Algunos estudiosos de la vida y obra de Dick atribuyen el origen de estos temas a la muerte de su hermana gemela: el joven escritor quedó marcado por la dualidad inherente en todo, y de hecho en la mayoría de sus novelas encontramos la dicotomía sobre todo entre realidad y mundos alternativos, ya sean generados por la mente de los personajes o impuestos por poderes superiores o drogas.

Durante la década de los 50 siguió escribiendo ciencia ficción, y el primer libro, "Lotería Solar", apareció en 1955. Pese a que lo intentó, no consiguió que le publicasen libros de no ficción. "Lotería Solar" nos adentra en un mundo donde el presidente (el Presentador) es elegido mediante una lotería. Al protagonista, Ted Benteley, un joven ingeniero, le encargan matar al nuevo Presentador cuando entra a trabajar en las oficinas de un antiguo Presentador. Precisamente Ted Benteley es el esquema del protagonista que más veces encontraremos en las novelas de Dick: un joven (que irá ganando edad a medida que lo hace el propio Dick), muy bueno en su campo de trabajo (y a menudo relacionado con la ciencia, como el propio Benteley, ingeniero, o el Deckart de "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", que es uno de los mejores detectives, o incluso personas con poderes extrasensoriales) y también con un historial más o menos amplio de fracasos amorosos (y recordemos los cinco matrimonios que habrá en la vida de Dick). A menudo, también, las ex-esposas de los protagonistas aparecen en las novelas, ya sea como un recuerdo recurrente del protagonista o como otro personaje que el protagonista puede querer recuperar o de quien querrá escapar, pero al que nunca dejará indiferente.

A la década de los 50 pertenecen otras obras, como "El tiempo doblado" (The world Jones made, 1956), "Planetas Morales" (The man who japed, 56), "Ojo en el cielo" (Eye in the sky, 1957), "Muñecos cósmicos" (The cosmic puppets, 57). En el 58 escribe "Tiempo desarticulado" (Time out of joint, publicada el año siguiente), la que se considera su novela puente entre las muchas obras anteriores, en las que ya despuntaban los temas que tratará más a menudo pero parecía temeroso, o tal vez no tenía la suficiente experiencia, para tratarlos en profundidad, y las siguientes, que han sido consideradas sus mejores logros. El primero de ellos es "El Hombre en el castillo" (The Man in the High Castle, 1962, Ganadora del Premio Hugo del 63). Nos presentan unos Estados Unidos que perdieron la Segunda Guerra Mundial y cuyas fronteras se las reparten los alemanes y los japoneses; el protagonista vive en la zona de influencia japonesa (la Costa del Pacífico, la Calofornia donde simpre vivió Dick), y por lo tanto se rige por costumbres en parte japonesas. Una de ellas es consultar a menudo el I Ching, un libro que permite, haciendo las preguntas de la forma adecuada, obtener consejos e incluso conocimiento del futuro. A medida que lo va consultando, el protagonista va descubriendo que el mundo real no es aquél en que vive, sino uno donde los americanos sí que ganaron la Guerra... aunque tampoco es nuestro mundo real.

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En el 63, Dick se retiró a una cabaña que le alquiló al sheriff local para evadirse de sus problemas domésticos. Estuvo hasta el 64, año en que se mudó a San Francisco, y en total escribió 11 novelas en esa cabaña. De las 4 que vieron la luz en el 64, "La penúltima verdad" (The Penultimate Truth), "Tiempo de Marte" (Martian Time-Slip), "Los simulacros" (The Simulacra) y "Los clanes de la luna alfana" (Clans of the Alphane Moon), la más aclamada, y sin duda una de las mejores de Dick, es "Tiempo de Marte". Repite en parte los esquemas de "El hombre en el castillo": un mundo agonizante, en este caso una colonia en Marte donde hay poca gente y el nivel de vida es muy duro porque el agua escasea; los protagonistas se conocen entre ellos y viven en un estado comunitario, por lo que las apariencias también son importantes (y volvemos a encontrar la relación entre Arnie Kott, presidente del Sindicato Local de Trabajadores del Agua, y su esposa, como un punto importante). El otro protagonista es un niño esquizofrénico de diez años llamado Manfred Steiner que sirve como catalizador: si en el anterior libro era el I Ching el que explicaba la realidad e introducía otro mundo posible, en este caso serán las visiones de Mandred, al que la ONU considera un "niño anómalo" que no tiene lugar en la colonia marciana y al que quiere eliminar... Igualmente, en los "Clanes de la luna alfana" encontramos una colonia de enfermos psiquiátricos exiliados en la luna de Alfa III. Sin embargo, la Tierra pierde el contacto con la luna alfana durante 20 años, y los enfermos que allí habitan se establecen en un complejo sistema de castas en el que cada enfermedad tiene su propio rol: los paranoicos son los gobernantes, los esquizofrénicos, los artistas y líderes religiosos... Finalmente, la CIA envía al agente Chuck Ritterford y a su esposa, un matrimonio con problemas tan graves que él decide asesinarla al llegar a su destino, a descubrir qué ha pasado en la luna durante el tiempo de incomunicación.

En 1965 publicará otras dos grandes novelas, "Dr. Moneda Sangrienta" (Dr. Bloodmoney or How we got along after the bomb, escrita en el 63) y "Los tres estigmas de Palmer Eldritch" (The three stigmata of Palmer Eldritch, escrita en el 64), ambas finalistas del Premio Nebula. En la primera, la acción se desarolla en unos Estados Unidos postapocalípticos, y su trama es la que tiene una estructura más compleja de las que Dick escribió, con gran cantidad de protagonistas: Hoppy Harrington, un mutante deforme con poderes telecinéticos; Walt Dangerfield, un físico megalomaníaco en parte responsable de la actual situación de devastación del mundo; Stuart McConchie y Bonnie Keller, dos personas corrientes a las que no queda más remedio que sobrevivir en un mundo destruido. En la segunda, la Tierra es un lugar casi inhabitable y la gente se ve obligada a emigrar a Marte; en ambos mundos, lo único que vuelve la vida soportable son las drogas. Leo Bulero, propietario de Equipos P. P., es el que suministra la droga en Marte, pero su monopolio se encuentra en peligro cuando reaparece Palmer Eldritch, un visionario desaparecido durante largo tiempo que trae consigo una nueva droga que anuncia bajo el lema: “Dios promete la vida eterna. Nosotros la proporcionamos”. Se trata de una droga tan potente que un primer uso ya la convierte en adictiva para siempre. El protagonisa, Barney Mayerson, trabajador de Equipos P. P., será el encargado de descubrir qué hace exactamente esa droga y en qué ha convertido a su mesías, Palmer Eldritch.

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Como tantos otros durante los 60, Dick experimentó con drogas, sobre todo LSD, pero lo que más le afectó fue su adicción a las anfetaminas, por la cual acabó su cuarto matrimonio. Seguramente ya había iniciado ese período cuando concibió "Los tres estigmas de Palmer Eldritch", aunque la fecha es incierta. Durante los años siguientes escribió poco, aunque muchas de las novelas que había escrito retirado en la cabaña fueron publicadas entonces. "Aguardando el año pasado", "Podemos construirle", "Los simulacros"... Muchas, y todas tienen momentos de gran interés, pero en general no están a la altura de las anteriores. No será hasta el 1968 y "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" (Do Androids Dream of Electric Sheep?, también finalista al Nebula) que encontraremos otra novela de altura. Como ya se ha comentado, se trata de nuevo de un mundo exhausto, que agoniza, en el que los humanos se culpan por la casi total extinción de los animales y pelean entre ellos por poseer réplicas mecánicas. Hay replicantes, sí, y son importantes, pero no el núcleo central de la trama, como sucedió en la película que inspiró el libro, la famosa Blade Runner de Ridley Scott. En el libro, el punto central es un mesías que aparece en las televisiones del viejo mundo, la Tierra. En 1969 se publicó "Ubik", escrita en el 66 y para muchos su mejor novela. Se trata de un mundo en el que la muerte no es la última frontera, sino sólo un estadio diferente: mediante descargas eléctricas en el cerebro, los muertos pueden continuar en contacto con los vivos, aunque a otra escala. Al principio de la novela, Glen Runciter muere. O tal vez no... Entre 1970-73 escribió "Fluyan mis lágrimas, dijo el policia" (Flow my tears, the policeman said, publicada el 74 y ganadora del John W. Campbell Memoriam a Mejor Novela y finalista de los Premios Hugo y Nebula). Se trata sin duda de una de las más sinceras de todas sus novelas. No está bien escrita: Philip Dick no escribía bien, no era alguien capaz de engarzar las palabras de forma elegante y formar frases tan maravillosas que dejan al lector sin respiración: la genialidad de Dick estaba en sus conceptos, y en esta novela los trata todos; un repaso brutal y definitivo a su idea de humanidad de la mano de un viejo policia que debe tratar el caso de un actor famosísimo que de la noche al día ve desaparecer su vida. En 1977, Dick se sincera consigo mismo y con todos sus abusos en "Una mirada a la oscuridad" (A Scanner Darkly), donde trata por primera vez y en profundidad de los efectos de las drogas tanto en sí mismo como en muchos de los amigos a los que ha ido viendo morir. Desoladora, tal vez la que más porque es la que más hondo nacía.

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El 2 de febrero del 74, Dick tuvo una experiencia religiosa a la que denominó "exégesis". Su origen se podría atribuir al consumo de drogas, o incluso al uso de pentotal sódico que le administraron para extraerle una muela del juicio, pero las visiones duraron semanas; en ellas veía rayos de luz, lásers que le llegaban desde el cielo y lo llevaron a creer que vivía una doble vida, que era tanto Philip Dick como Tomás, un cristiano perseguido por los romanos en el primer siglo d. C. Desarrolló también la idea de una divinidad en contacto con él; la llamó Dios, o Cebra, pero finalmente decidió que se trataba de VALIS, acrónimo en inglés de Vast Active Living Inteligence System (Sistema de Vasta Inteligencia Viva, SIVAINVI en las primeras traducciones al castellano), un satélite que circundaba la Tierra y enviaba mensajes a personas escogidas. Desarrolló el tema en Valis, publicada en el 81. Es difícil describir esa novela. Fue la primera que leí de Dick, y la que más me impactó: se trata de una redefinición del mundo actual, que quedó en suspenso con la llegada del Imperio Romano y que no recuperó su ritmo hasta el Watergate, cuando Nixon tuvo que dimitir por un escándalo de espionaje político. De algún modo, Nixon era una especie de anticristo para Dick, el adalid del materialismo que impusieron los romanos y por culpa del cual el Reino de Dios, representado en los antiguos cristianos, quedó segado. En la novela, Dick es dos personajes al mismo tiempo, el propio Philip Dick y su alter ego Amacaballo Fat (Philip en griego significa eso, "amor a los caballos", y Dick en alemán es "gordo"). La novela es mucho más que eso, de hecho, y la exégesis fue mucho más para Dick. Llenó páginas y páginas de su diario con alucinaciones febriles que los médicos atribuían a un episodio psicótico pero que él estaba convencido de que eran reales. Además, hubo algunos sucesos difíciles de explicar, como una ocasión en que Valis dijo a Dick que su hijo estaba gravemente enfermo e insisitió a los médicos, que le aseguraron que no tenía nada, para que le hiciesen más pruebas hasta descubrir, con test poco habituales, que tenía una hernia que lo habría matado en poco tiempo, o casos de glosolalia (que también aparecen en la novela), en los que Dick murmuraba palabras sin sentido para él que su esposa transcribió y resultaron ser un dialecto del griego clásico, idioma que Dick desconocía. Sea como sea, gradualmente se fue volviendo más paranoico, imaginando que la CIA o la KGB lo perseguían y se interesaban por sus documentos. Murió el 2 de marzo de 1982 de un infarto cerebral, sin haber conseguido descubrir el origen de esas visiones.

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Como ya se ha dicho, Dick no fue un gran escritor en el sentido tradicional del término; sus novelas, incluso las mejores, adolecen en algunos casos de falta de estructura, de diálogos poco factibles; pero es innegable que se trata de un coloso de la ciencia ficción del siglo XX cuya figura gana adeptos día a día. Los temas que trató, los antihéroes, tan humanos, que protagonizan sus novelas, las dicotomías entre realidad y ficción, entre qué es verdad y que puede serlo, no dejan de asombrarnos a medida que nos adentramos más en su mundo, retorcido, oscuro, incluso agonizante, pero cada vez más humano.

Kosak1
Publicado por kosak1 @ 2:50  | ARTICULOS DE OPINION
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